proscar canada buy prednisone online lasix canada buy cialis online delivery usa abilify without prescription doxycycline without prescription amitriptyline no prescription topamax without prescription Online Vipps Pharmacy amitriptyline canada buy strattera without prescription buy aricept online canadian diflucan
toc

Jugaba en la calle con unas amigas. Un hombre llamó nuestra atención. Nos pidió que le ayudáramos a buscar a un conocido en los buzones de un portal. Entramos, una de mis amigas y yo. La puerta se cerró tras nosotros. Buscamos en los buzones e inmediatamente noté como su mano se deslizaba por dentro de mis braguitas. No podía creerlo, ¡¡¡¡este hombre me está tocando el culo!!!!. Salí (no sé cómo) corriendo de allí y llegué a mi casa. El corazón me latía a tres mil por hora, la cabeza me estallaba, el pecho me dolía, notaba como la vista se me iba nublando…… y paré, paré en seco, dejé de parpadear, de respirar, me paralicé y el dolor cesó, cesaron las palpitaciones, podía respirar sin dificultad, volvía a ver normal y ahí empezó todo… asocié la paralización y no respirar a niveles bajos de ansiedad. Tenía 8 años. Esa fue mi primera experiencia con el TOC, esa fue mi primera compulsión. (Gracias Paloma por llevarme a ese pasado).

Mi primera compulsión fue “dejar de respirar” cuando oía, veía o notaba algo en mi cuerpo, que yo consideraba nocivo (palabras como muerte, accidente, violación, terremoto, o un leve tic, dolor abdominal, etc…..), ya que creía que si respiraba cuando algo de eso notaba u oía, me contaminaba y me ocurriría a mi o a mi familia. Imaginaros lo que eso suponía. Dejaba de respirar cientos de veces al día. Despertar por las mañanas suponía una tortura, escuchar la radio o ver la TV era todo un reto y el trastorno cada vez se hacía más y más insoportable. (Gracias Paloma por enseñarme a respirar)”.

Después pasé a quedar paralizada, si algo me hacía elevar mi nivel de ansiedad, debía permanecer sin moverme (eso incluía no respirar y no pestañear). Por las noches llegaba a despertarme 3 y 4 veces porque me había movido y no podía permitírmelo. Si cuando me iba a la cama tenía que hacer mis compulsiones y alguien de mi familia me reñía obligándome por ello a parar de ritualizar, permanecía despierta “horas” hasta que estaba segura de que todos estaban dormidos y yo entonces podía levantarme a seguir con mis rituales, que en ocasiones duraban hasta el amanecer, por lo que dormía tan sólo una o dos horas. (Gracias Paloma por ayudarme a relajarme)”.

El TOC se hacía cada vez más insoportable. Ocupaba toda mi vida. En casa no lo manifestaba de manera visible, todas mis compulsiones (lo más llamativo del TOC) las hacía en el baño o en mi habitación, con la puerta cerrada. Delante de mi familia casi permanecía inmóvil. Si me mandaban a hacer algo, las regañinas eran constantes porque tardaba una eternidad y entonces llegaban los reproches, las críticas. Mi ansiedad, mi miedo, mi cansancio, mis ganas de acabar con todo iban en aumento. (Gracias Paloma por hacerme ver que soy útil).

En la calle llegué a manifestar el TOC de todas las maneras posibles. No podía pisar las rayas del asfalto, si lo hacía cuando un mal pensamiento, o idea, o palabra invadía mi mente, debía volver para atrás y repetir el paso, tenía que repetirlo hasta que mi mente estuviera en blanco, en calma, sin malas ideas, sin malos pensamientos. Todo el mundo me miraba y algunos se reían. Si pasaba por un escaparate, debía mirar uno a uno todos los objetos que en él había, hasta que mi nivel de ansiedad se reducía al mínimo. A veces, cuando tenía poco tiempo para llegar a algún sitio, creía que alguien de mi familia me vigilaba y con esa idea (firme en mi cabeza, completamente convencida de ello) podía llegar a mi destino sin tener que volver atrás ninguna vez o iba corriendo, hasta llegar exhausta, para no tener que parar y volver a desandar lo andado. (Gracias Paloma por enseñarme a pasear).

Y todo se desmoronó. Era insoportable. Toda mi vida giraba en torno al TOC, las obsesiones eran constantes, mi mente no estaba en calma ni un segundo, las compulsiones copaban toda mi vida, no había actividad que no estuviera acompañada de una compulsión, una compulsión que duraba horas y que no me dejaba vivir. Me revelaba, pero todo era inútil y empecé a autolesionarme. Las lesiones que me provocaba calmaban mi ansiedad y ese pánico a la muerte o a la enfermedad se disipaba, pero el dolor de las heridas me hacían estar permanentemente irritable, la situación era insostenible. (Gracias Paloma por enseñar a cuidarme).

No fui capaz. Lo pensé y lo hice. Lo había pensado muchas otras veces, pero recapacitaba. Sin embargo aquel día fue distinto. Todo estaba en calma, no había ruido en mi cabeza, ya me había habituado a mis rituales y aquel día casi no hubo (o quizás eso quise creer). Pero llegaron los reproches, las críticas, las broncas y lo intenté. Intenté poner fin a todo. (Gracias Paloma por ayudarme a quererme y por tu amor incondicional).

Tras el primer y único intento por acabar con todo, llegaron otros tipos de TOC. No sé si lo he dicho, pero mis TOC han sido de contaminación, de orden y simetría, de acumulación, de comprobación y de pensamiento mágico. Pues bien, hasta entonces, se manifestó el de pensamiento mágico y contaminación y levemente el de orden y simetría, pero este terrible episodio exacerbó el trastorno y aparecieron nuevos tipos de TOC que todavía resultaban más incapacitantes si cabía. (Gracias Paloma por darle nombre a mis TOC)”.
images

Las compulsiones y obsesiones se acomodaron en mi vida, nada de lo que hacía era espontáneo. Para mi no existía la espontaneidad, todo a mi alrededor estaba milimétricamente calculado, era necesario para que mis compulsiones me dejaran descansar. El TOC ganaba terreno, apenas salía, apenas hablaba, apenas vivía. Todo mi mundo se reducía a mi habitación donde mis compulsiones no eran censuradas y podía hacerlas para calmar mi ansiedad, mi mente, reducir mi miedo, liberarme del pánico, de la duda… de la terrible e incesante duda. (Gracias Paloma por enseñarme a vivir)

Perdí el conocimiento. Mi ansiedad ya no se calmaba con las compulsiones, y si lo hacían, duraba tan poco que no era consciente de esa tranquilidad que al principio me brindaban los rituales. Los desvanecimientos se repetían y cada vez eran más las veces que aparecían sin previo aviso. Llegué a pensar que algo malo ocurría en mi cerebro. Hasta que toqué fondo y la “desconexión del mundo” duró 20 minutos. (Gracias Paloma por ayudarme a conocer mi cerebro).

Imposible deshacerme de él. Mi familia empezó a ser cómplice de mis compulsiones. Era tan doloroso ver como desconectaba del mundo con los desvanecimientos, tan doloroso verme hacer aquellos rituales “absurdos”, que la desesperación se apoderó de nosotros y finalmente tomamos la decisión de acudir a un especialista. Después de visitar 2 médicos, 2 neurólogos y 3 psiquiatras, tan sólo sacamos en claro que mi cerebro estaba sano y que era presa de un trastorno mental grave ¿¡¡estaba loca!!?. (Gracias Paloma por hacerme consciente del trastorno).

La medicación me anulaba. Permanecía dormida casi 18 horas al día. Las compulsiones se redujeron casi a la mitad, llegué a creer que el TOC había desaparecido. Sin embargo, las obsesiones seguían invadiendo mi mente y una lucha constante por mantenerme despierta hacía insufrible el día a día. Y aparecieron las pesadillas. (Gracias Paloma por enseñarme a dormir).

Empecé a tenerle miedo a dormir. La pesadillas eran constantes y un nuevo miedo apareció en mi vida…¿y si las pesadillas aparecían porque algún ritual se había escapado a mi control?. La duda, la eterna y terrible duda volvió a invadirme. Tenía que repasar, hasta caer exhausta, cada movimiento, cada pensamiento, cada ritual, cada respiración, lo que comía y cómo comia, en qué orden me vestía, me duchaba… y dejé de hacer. Dejé de salir, dejé de comer, dejé de moverme. (Gracias Paloma por ayudarme a renacer).

Si hubiera podido hablarle a esa niña que fui y decirle que aquel primer pensamiento, aquel primer sentimiento de amenaza que me llevó a la primera compulsión, que aquella conducta era normal ante aquella experiencia traumática, que las obsesiones están e invaden la mente a todos y que no ocurre porque algo malo hayas hecho. Lo que hubiera dado entonces por no haber malinterpretado mis pensamientos. (Gracias Paloma por ayudarme a sacar el lado positivo a todo).

Y tomé conciencia. Supe qué ocurría, le puse nombre. Y me obsesioné con saber más y más, con conocerle. Sí, se llamaba TOC, pero había algo más, tenía que haber algo más. ¿Por qué?, necesitaba saber su origen y necesitaba una explicación. Y la encontré. Supe el origen y supe por qué. Y dolió, me desgarró por dentro, me culpé a mí misma por no haber sabido vencerlo en su momento, por dejarme manipular por él. Me desesperé, volvieron los pensamientos de acabar con todo. La vida ya se estaba encargando de hacérmelo difícil, pero el TOC, el terrible, incesante y maldito TOC me hacía parecer distinta a todos, ¿estaba loca?, ¿alguien más podía tener esto?. (Gracias Paloma por presentarme el TOC).

Me hice casi experta en TOC. Supe lo que era eficaz y lo que no para poder vencerlo, y también supe que para ello tenía que seguir luchando y sufriendo. Necesitaba fuerza, fuerza que no tenía porque me faltaba motivación. Así que ahora debía luchar para despertar mi motivación y sacar fuerzas de donde no las había, pero por primera vez podía ver “un final”. (Gracias Paloma por motivarme hasta el final, tú sabes que sí”).

La encontré. Encontré la fuerza y descubrí que tenía motivación y sobre todo “voluntad” y unas ganas terribles de vencer al TOC. Pero había dudas, dudas con las que debía convivir y a las que me debía enfrentar. El TOC y su incesante duda. Y el miedo, un miedo voraz que me conducía sin control a volver al bucle de donde yo creía que no había salida. Encontré la ayuda donde menos la esperaba. En mi familia, sobre todo en mi compañero, sufridor de mi TOC y paciente, silencioso paciente. Te quiero mi amor. (Gracias Paloma por hacerme valer).

Recuerdo el primer día que me enfrenté al TOC. Aún tiemblo al pensarlo. Allí estaba yo, frente al estímulo que me provocaba esas compulsiones, dispuesta a no hacer más rituales, dispuesta a perder la razón porque me dolía todo, la cabeza me iba a estallar, me temblaban las manos, sudaba, me latía el corazón hasta el punto de creer que me explotaría. Pero de pronto sentí que el dolor se desvanecía, que el corazón se calmaba y la euforia me invadió. Por fin, por fin había vencido al TOC. (Gracias Paloma por darme aliento).

¡¡¡¡Qué Ilusa!!!!. Creí que, lo que después supe que había sido mi primera exposición, me había quitado las compulsiones de un plumazo, pero me equivocaba. Tuve que averiguar por mi misma que esa exposición era el comienzo de una secuencia de exposiciones, una por cada estímulo con el que compulsionaba. Descubrí que no era tan fácil y más sin la ayuda de un profesional. Y desgraciadamente tope con la realidad y la realidad no era otra que no había profesionales que me pudieran tratar el TOC como yo había descubierto que funcionaba, tan solo a base de pastillas o con tratamientos interminables de años y años que tampoco me garantizaba una mejoría. Así que mi motivación volvió a resentirse. (Sigo dándote las gracias Paloma, siempre, por todo).

Tuve que encontrar la motivación desde fuera. Tuve que exponerme, no solo al estímulo, también hacerme ver para sentir el ridículo y me vi. Me vi haciendo las compulsiones, los rituales que tanto me incapacitaban. Y lo vi tan “sin sentido”, tanto me estremeció verme sufrir de aquella manera que volví a exponerme y volví a vencerlo. Gracias Paloma por conseguir que me viera
trastorno-obsesivo-compulsivo-615x440

Y así una y otra vez. Había días que mis exposiciones podían llegar a 10, casi 1 cada hora que estaba despierta. Algunas noches me despertaba porque había soñado con las compulsiones y me levantaba a exponer. Y allí, en el silencio de la noche, sin que nadie me viera, mientras mi familia dormía, sentí como poco a poco vencía al TOC. Y lloraba, lloraba de alegría, lloraba de satisfacción, pero también de rabia por haberlo tenido tan a la mano y no ser capaz de hacerle frente, lloraba por la impotencia, por lo difícil que me estaba resultando y por el sufrimiento y por cómo tuve que hacerle frente al miedo, a la culpa, a la soledad, al recuerdo, a la duda, a la eterna duda. Me arrepentí de no haber sido valiente antes, de haber hecho sufrir a mi familia (las luces que me iluminan), a mi silencioso compañero. Pero no era yo, la que ritualizaba una y otra vez hasta caer extenuada, no era yo. (Gracias Paloma por estar ahí).

Lo Vencí. Tardé en vencerlo, pero lo logré. Tuve que hacerlo sola, sin ayuda y sentí que esto no podía continuar así, que todos los afectados que sin dudarlo había, ignorantes de que se podía salir de las garras del TOC, debían conocer lo que yo había logrado. Pero quien me creería, quien podría confiar en una TOCADA como yo….probablemente nadie. Así, me hice psicóloga. Desde mi profesión podía ayudar a más afectados, podía investigar este trastorno, saber más de él. Pero debía hacerlo desde el anonimato, nadie podía conocer que yo también estaba TOCADA por el TOC. La vergüenza me limitaba… terrible y absurda vergüenza. (Gracias a todos los que sabéis quien soy y no me rechazáis por ser TOC).

Me encontré a mí misma. Supe más y más del TOC, lo razoné y le quité sentido. Sorprendentemente el TOC se fue de mi vida tan sutilmente como entró. Ahora soy yo misma, ya no le tengo miedo y cuando vuelve a aparecer solo le permito estar un breve espacio de tiempo. Mi nombre es Paloma Husillos y YA NO ESTOY “TRASTOCADA” POR EL TOC….

Ahora, os estaréis haciendo un montón de preguntas…..principalmente, por qué me daba gracias a mi misma en cada entrada que publicaba. Es muy sencillo….. porque cuando era presa del TOC, no era yo, había una parte de mi que estaba cubierta por el trastorno, que cada vez se escondía más y que me costó encontrarla cuando después de 28 años tomé conciencia de que tenía un problema y debía buscar ayuda. Llevo limpia de TOC 18 años, todo lo que soy ahora se lo debo a mi motivación y a ese YO escondido que estaba, pero que no respondía ante mis compulsiones y obsesiones (terribles obsesiones) y por supuesto a mi compañero, infatigable y paciente compañero, silencioso y a veces desesperado compañero y que siempre estuvo y está ahí, apoyándome cuando me derrumbaba, porque mis fuerzas flaqueaban, y ahora cuando el TOC vuelve con las recaídas. ¡¡¡¡te debo tanto…!!!!.

Espero que publicación de mi evolución del TOC sirva para acercaros y conocer más acerca de este incapacitante y terrible trastorno. Cuando me enfrenté al TOC, tuve que hacerlo yo sola, pero ahora, afortunadamente, hay (o habemos) grandes profesionales especializados en el tratamiento del trastorno obsesivo compulsivo. Ahora, gracias a los avances en las investigaciones, los psicólogos nos hemos hecho de eficaces herramientas para poder ayudar a salir del TOC, porque DEL TOC TAMBIÉN SE SALE.

Dejar comentario