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Cuando Javi (@FisioStacruz) comentó en la red su preocupación por la frecuencia con la que últimamente se lesiona cuando juega al fútbol, y usó la expresión “me hago mayor”, se me vinieron a la mente multitud de comentario de amigos, familiares y pacientes de su edad que en los últimos tiempos han hecho referencia a lo mismo. Al contestar a su mensaje él me invitó a escribir sobre el tema. No pude rechazar tal ofrecimiento y, dada la naturaleza del blog y haciendo honor al anfitrión, no me quedaba más que comenzar a recopilar información para darle credibilidad a mis comentarios y algo de “evidencia” a mis conclusiones. Así que decidí realizar un microestudio vía teléfono móvil tomando como muestra a seis varones de entre treinta y treinta y cinco años, que juegan entre dos y cuatro partidos de fútbol a la semana (dos de ellos actualmente no lo hacen por lesiones).
Los seis han tenido en los últimos dos años alguna lesión de gravedad media (tres esguinces de tobillo grado dos, dos fascitis plantares, una periostitis). A todos les hice de forma individual una pregunta abierta, “¿Qué es para ti jugar al fútbol?”.
Al principio pensé que iba a escribir sobre lesiones, edad, práctica deportiva y un largo etcétera, ya que estos pacientes y amigos siempre me han mostrado sus dudas desde un punto de vista físico, de salud, tiempo de recuperaciones que se prolongan, aumento en la frecuencia de lesiones y dudas por el estilo. Pero al plantearles la cuestión sin previo aviso, dándole la vuelta al asunto, desde mi área de juego, me encontré con una visión completamente diferente del tema. Resulta que de forma común todos comenzaron a lanzarme respuesta el las que el plano físico quedaba relegado a un segundo escalón, cuando no a un tercero. Y tomaban protagonismo términos relativo a lo psíquico y social. ¿Estaba sin querer entrando en una dimensión biopsicosocial? Esto se ponía interesante.
Copié los comentarios del teléfono y los dispuse en un papel.
Los resultados claramente se podían resumir de esta forma:
– Todos respondieron en primer lugar con las palabras “divertido” o “diversión”.
– Todos nombraron en algún momento y frecuentemente tras el término “diversión”, la palabra “amigos” o “colegas”.
– La mitad recordaron su infancia, y los “sueños” de esa época pasada.
– Dos de ellos utilizaron la expresión “me da vida”, y otros dos “me despeja”.
– Todos hicieron referencia a la importancia de “poder correr” y de “sentir que mis piernas están ágiles, fuertes, o  son útiles”.
– Cinco de los seis en último lugar nombraron las palabras “dolor” y/o “lesión” y en todos los casos hacían referencia a los miembros inferiores, la mitad en concreto, a los tobillos.
Repasando estos datos experimenté la necesidad de darle la vuelta a la entrada; mi “Tortuga creativa” (1) asomó la cabeza. Y entonces decidí dejar “reposar” los datos y descansar a ver si al día siguiente experimentaba mi “Momento ¡Ajá!” (2).
Me desperté recordando una entrada de Carlos Castaño (@carcasor) (3) en el blog de Edupain y empecé a escribir.
Comencé por recopilar conclusiones:
– Jugar al fútbol es muy divertido. Y doy fe puesto que en el colegio jugaba bastante y me lo pasaba “bomba”.
– El hecho de estar en grupo, de ver a los amigos, de compartir un rato, quizá el único de la semana con ellos, es importante.
– El realizar una actividad en la que rememoras una época pasada de tu vida que te conecta con tu “yo” de diversión, agilidad y despreocupación, es reconfortante. Existe “memoria” asociada a recuerdos, emociones agradables que impulsan a seguir realizando una actividad. No puedo evitar acordarme de Mark Lender, y los bollycaos frente a la tele, a los pelotazos que luego pegaba mi hermano a las cinco de la tarde contra la pared mientras llegaban los amigos. Qué tiempos.
– El hecho de sentirte físicamente bien, de demostrarse que puedes correr y pegar saltos a pesar de las horas que pasas sentado o de pie el resto del día, es importante.
– Existe un componente negativo añadido a todo esto que es el dolor o el “daño” pero que exceptuando dos de los casos recientes de esguinces de tobillos, no impiden la continuidad de la práctica de la actividad.
– Y  por último, sería necesario revisar qué le pasa a esas extremidades inferiores, en particular a los tobillos y pies.
Me hallaba en la escritura de estas conclusiones cuando mi “momento ¡Ajá!” se presentó en forma de duda, (como cabía esperar). ¿Es más fuerte el impulso de lo psicosocial que el físico, visto que siguen realizando la actividad a pesar de la posibilidad de hacerse daño? Está claro que es algo sumamente relevante, incluso se superpone al hecho de poder “salir mal parado”. Y por tanto ¿Se podría extrapolar esta, llamémosle “motivación al movimiento”  o quizás “emoción, pulsión” a otras áreas, en otras personas?
Planteo una cuestión, ¿por qué no ayudamos a  buscar en esos pacientes perdidos en las conductas de miedo-evitación al movimiento, sus particulares “partidos de fútbol”, aquella actividad que más allá de lo meramente físico se imponga lo social, la satisfacción personal, la diversión?
Os dejo con algunas respuestas transcritas literalmente desde el móvil.
  •  “Cuando juego al fútbol me siento parte de un grupo, termino exhausto sin darme cuenta de haber hecho un esfuerzo, te animan, te superas, imitas lo que ves en la tv o en el estadio, o eso intentas, te ríes, te desahogas gritando, ejerces tu poder de liderazgo o tu necesidad de acatar órdenes… y además es divertido…y cuando marcas un gooool es casi como un orgasmo… hay contacto humano, sudor, compenetración, ejercicio… “
  • “Es algo muy divertido, -testosterónico- (gritos, empujones…) Donde te picas con gente y además ves a tus amigos un rato… y últimamente dolor de tobillos”
  • “despejarme…sentir que aún  puedo correr… recuerdos de la infancia… estar vivo”
  • “siempre soñé con jugar en primera división; aún sueño”, “Estar con los amigos”, “Me da vida”.
 Así que al final mi reflexión es que creo sinceramente que tod@s deberíamos “jugar al fútbol”.

Mi amigo Darío, de seis años, y futbolista desde los cuatro, respondió a la misma pregunta que les hice a los de treinta con gesto contundente, exclamando “Es lo más divertido”. Y ahí queda eso.

Entrada a cargo de Inmaculada Villa (@villa_inma)

  1. “The real neuroscience of creativity” by Scout Barry Kaufman. 19 August 2013. Beautiful Minds.
  2. “The aha! Moment: a scientist’s take on activity”. David Jones. The Johns Hopkins University Press. 2011.
  3. “El ejercicio que no cuenta como ejercicio” Carlos Castaño, blog Edupain.

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